domingo, 26 de enero de 2014

Miedo a no seguir La Norma


Desde pequeños, indirectamente, nos inculcan el hecho de qué es lo que debes esperar de la vida. Nacer, crecer, estudiar, trabajar, conocer a alguien, trabajar, casarte, trabajar, reproducirte, trabajar, pero esta vez, para que no le falte de nada a tu familia… hacerte viejo, morir.
 Esto es lo que llamaremos La Norma, ya que es con lo que se conforma la gran mayoría.
¿Y qué pasa cuando algo dentro de ti no quiere seguir La Norma? ¿Cómo se hace para que esa sensación de culpa que anida en ti, por miedo a equivocarte, salga? ¿Cómo se hace para explicar a quienes más te importan, tu familia, que no quieres esa norma establecida para ti? Que te hace sentir esclava, esclava de la realidad del conformismo,  de “la lógica cotidiana de la vida”.
Es extraño, porque gran parte de mi siempre ha caminado sobre esa norma, terminar mis estudios, encontrar un trabajo, sentirme productiva, tropezar con esa persona con la que pasar el resto de mis días, ser madre, criar a mis hijos, educarlos, enseñarles a soñar… Pero ahora me pregunto, si ese deseo era más bien mío o por el hecho de que es lo que los demás esperaban que ocurriese, yo también. Ahora pienso que son una harta de estereotipos que nos han metido por los ojos, como forma "única" de vida y de ahí que a muchas personas a las que no les sale la jugada se frustren, porque no son capaces de ver otro tipo de vida, que no sea como la que le enseñaron sus padres, sus vecinos, sus amigos... Y yo, realmente no estoy predispuesta a esto, aunque he de reconocer que el ser madre es algo que también ha formado durante mucho tiempo parte de mis sueños, pero no sé exactamente qué ha cambiado, que ahora, más bien se ha convertido en una incógnita, que no se si despejar o dejarla estar.  
Pero aun siguiendo La Norma, siempre ha estado dentro de mi ese gusanillo de salir, vivir, conocer, indagar, viajar, soñar con los ojos abiertos, dejarme llevar sin preocupaciones, trabajar lo justo para vivir, experimentar, errar, rectificar y volver a empezar. Me he preguntado una y mil veces como seria vivir de ciudad en ciudad, de país en país, de continente en continente... añorando en sueños, lo que en realidad me parecía imposible.
Todos estos años he estado a caballo entre mis dos yos, sin saber cual elegir, es más, me atrevería a decir que dejaba que las circunstancias y el miedo eligieran por mí. El miedo a fallar a mis seres queridos, a dejar todo atrás, el miedo a que no me entendiesen, el propio miedo a equivocarme, arrepentirme y a no encontrar solución, a lo desconocido y no he de olvidarme del miedo a la soledad y al olvido. Durante muchos años me ha aterrorizado que el hecho de salirme de la norma pudiera llevarme a sentirme sola.
Pero ha llegado un momento en el que ya no me da tanto miedo esa soledad, los que te quieren, tanto amigos como familiares, sabrán estar ahí, si de lo contrario no es así, es porque esta escrito que no debían formar parte de mi futuro, ya que el tiempo, las ciudades y las diferentes situaciones, me ha demostrado que siempre hay personas que merecen la pena en algún lugar de la aventura, y creo que vaya a donde vaya, estaré rodeada de gente, algunos solo irán de paso y otros se quedaran, entonces, serán ellos los que completen el vacío de la distancia.
Y pensar, que ahora estoy aquí, escribiendo desde Inglaterra, después de todas las veces que he soñado y de las diferentes formas en que me he imaginado el momento de salir corriendo, y he comenzado a volar sin ni siquiera pararme a pensar en cómo se vuela. Que ha sido una de las decisiones más importantes de mi vida y fue tomada por un impulso, que incluso, creo que sería certero decir que fue un impulso cansado esperar a que mi razón llegara a la conclusión, por si sola, de que ese no era mi camino correcto.
He soñado con esto muchas, pero que muchas, veces. Sin ir más lejos, recuerdo la primera vez que me lo plantee en serio, y empecé a mover papeles para estudiar aquí en Inglaterra por el año 2005, pero como hasta entonces, las circunstancias del momento fueron las que respondieron por mi… El salir de mi país y venir aquí, siempre ha sido un sueño. Vivir en un lugar con otro idioma, intentar aprenderlo, ponerme a prueba, salir adelante, conocer otras formas de entender la vida, etc. Siempre ha sido un “y si…” con el que echaba a correr mi imaginación.
Con lo que, por lo tanto, debo darle las gracias a ese gran impulso, porque creo que no me he equivocado por la elección que he tomado, me siento genial, me siento como nunca, me siento con unas ganas de seguir persiguiendo sueños. El estar aquí, me ha llenado, me ha hecho programarme objetivos a corto/medio plazo, objetivos que en su día veía imposibles y ahora, los veo complicados, pero no inalcanzables. Tengo ganas de ir a por ellos, ya no le tengo miedo, me dan un poco de vértigo, pero no miedo, y lo que ahora realmente quiero es salir, vivir, conocer, indagar, viajar, soñar con los ojos abiertos, dejarme llevar sin preocupaciones, trabajar lo justo para vivir, experimentar, errar, rectificar y volver a empezar. Que aunque haya dejado muchas cosas atrás, hoy por hoy, creo que este es mi camino, que aquellas cosas o personas que se queden atrás lo harán, seguramente, porque no deberán estar en mi futuro, y quienes sepan esperar o caminar junto a mí, serán los que de verdad merezcan la pena, porque respetaron y apoyaron mi decisión.

Viendo lo visto, ahora mismo, en el camino de la norma no hay nada que me merezca la pena, como para sacrificarme por ello, siempre es la misma historia con diferentes escenarios. Y yo lo que quiero son diferentes escenarios y diferentes historias.  Con lo que,  seguiré persiguiendo sueños, una y otra vez hasta que mi propio cuerpo me pida un descanso y/o las circunstancias me lo pidan, pero esta vez esas circunstancias sólo repercutirán en mi familia. 

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