sábado, 8 de marzo de 2014

Queda Prohibido

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber qué hacer,
tener miedo a tus recuerdos.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.

Queda prohibido no demostrar tu amor,
hacer que alguien pague tus dudas y mal humor.

Queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles sólo cuando los necesitas.

Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,
no creer en Dios y hacer tu destino,
tener miedo a la vida y a sus compromisos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echar a alguien de menos sin alegrarte,
olvidar sus ojos, su risa, todo,
porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar su pasado y pagarlo con su presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.

Queda prohibido no crear tu historia,
dejar de dar las gracias a Dios por tu vida,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da,
también te lo quita.

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti este mundo no sería igual.

Pablo Neruda

jueves, 27 de febrero de 2014

La gente que me gusta

Me gusta la gente que vibra,
que no hay que empujarla, 
que no hay que decirle que haga las cosas 
sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.
La gente que cultiva sus sueños 
hasta que esos sueños 
se apoderan de su propia  realidad.
Me gusta la gente con capacidad 
para asumir las consecuencias de sus acciones, 
la gente que arriesga lo cierto por lo incierto 
para ir detrás de un sueño. 
Me gusta la gente que es justa 
con su gente y consigo misma. 
La gente que agradece el nuevo día, 
las cosas buenas que existen en su vida, 
que vive cada hora con buen ánimo 
dando lo mejor de sí, 
agradecido de estar vivo, 
de poder regalar sonrisas, 
de ofrecer sus manos y ayudar generosamente 
sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme
constructivamente y de frente, 
pero sin lastimarme ni herirme, 
la gente que tiene tacto. 
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia. 
A estos les llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe 
la importancia de la alegría y la predica, 
la gente que mediante bromas 
nos enseña a concebir la vida con humor. 
Me gusta la gente que solo con su energía
es capaz de contagiar.
Me gusta la gente sincera y franca, 
capaz de oponerse con argumentos razonables 
a las decisiones de cualquiera. 
Me gusta la gente fiel y persistente, 
que no desfallece cuando de objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, 
la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. 
La gente que, al aceptar sus errores, 
se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. 
La gente que lucha contra adversidades. 
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. 
La gente que valora a sus semejantes 
no por un estereotipo social ni como lucen. 
La gente que no juzga ni deja que otros juzguen. 
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de entender 
que el mayor error del ser humano
es intentar sacarse de la cabeza 
aquello que no sale del corazón.
La sensibilidad, 
el coraje, 
la solidaridad, 
la bondad, 
el respeto, 
la tranquilidad, 
los valores, 
la alegría, 
la humildad, 
la fé, 
la felicidad, 
el tacto, 
la confianza, 
la esperanza, 
el agradecimiento, 
la sabiduría, 
los sueños, 
la humildad, 
el arrepentimiento,
y el amor
Son cosas fundamentales para llamarse gente.
Con gente como ésa, 
me comprometo para lo que sea, 
por el resto de mi vida, 
ya que por tenerlos junto a mi, 
me doy por bien retribuido.

Mario Benedetti

sábado, 22 de febrero de 2014

Música

Música.... Pequeña palabra de tres silabas, que encierra una de las mayores mezclas de sensaciones del mundo y es capaz de llevarte por una montaña rusa sin moverte del sitio.
La Música, en sí, es libre, de todos y para todos, es de las pocas cosas puras y con lenguaje universal de las que podemos disfrutar en esta mierda de vida llena de egoismos, problemas y prejuicios. La Música no entiende de color, ni de culturas, ni de clases sociales, ni de estereotipos, ni de mejores o peores personas... Cierto es que nace de las circunstancias de cada uno de nosotros, pero puede viajar de un lugar a otro sin llevar equipaje de mano, pero siempre lleva otro tipo de equipaje, y no precisamente tiene que significar para todos lo mismo. Pasa de una persona a otra sin necesidad de que se conozcan, independientemente de que exista o no contacto físico y/o dialogo.
Esta gran señora que va siempre provocando, deambula por ahí sin dejar indiferente a nadie, se hace eco de tus sentidos y es ella misma, mediante éstos, de las grandes vías de comunicación, sin tener que hablar y/o explicar nada, te hará conocedor de su mensaje.
Esta gran dama, es la mayor puta de todas las señoras, le da igual si eres hombre o mujer, si somos dos o si somos seis. Ella sólo entiende de sentimientos, y es de las pocas que sabe cómo cautivarte, cómo darte placer, cómo hacer que tu cuerpo vibre a su son, pero siempre un placer infinito que dura lo que duran los segundos de una canción. Yéndose en el momento justo, para que te quedes con ganas de más y la vuelvas a buscar. 
Su táctica es sencilla, simplemente penetra en ti como algo mágico, como si tuviera la llave de ese libro de instrucciones con el que poco a poco nos va desnudando y acariciando hasta el ultimo poro de nuestra piel, o por lo contrario, siendo capaz de darnos en los puntos mas débiles de nuestro ser. Es de la única que sin verla, te hace sentir vulnerable. Para ésta poderosa señora, nadie es desconocido, y puede ser tu mayor abrazo en momentos de soledad o tu mayor enemigo.
Es capaz de conseguir algo, que muy poquitas cosas pueden conseguir, la Música puede hacerte volar, soñar despierto, sentirte explendido…  o por el contrario, puede hundirte en lo mas profundo del fango. 
Y además, nos hace creer por un momento que nos pertenece, pero la verdad, es que no nos pertenece a ninguno, la realidad es, que es de las pocas cosas que hay realmente libres en este mundo.
Y porque la MÚSICA es LIBRE y porque es un lenguaje universal, es por lo que es capaz de llegar a todos y cada uno de nosotros.



https://www.youtube.com/watch?v=_7X45tOzkpw

sábado, 15 de febrero de 2014

Cuando me amé de verdad


Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama…madurez.
Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.
Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.
Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.
Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Charles Chaplin

domingo, 26 de enero de 2014

Miedo a no seguir La Norma


Desde pequeños, indirectamente, nos inculcan el hecho de qué es lo que debes esperar de la vida. Nacer, crecer, estudiar, trabajar, conocer a alguien, trabajar, casarte, trabajar, reproducirte, trabajar, pero esta vez, para que no le falte de nada a tu familia… hacerte viejo, morir.
 Esto es lo que llamaremos La Norma, ya que es con lo que se conforma la gran mayoría.
¿Y qué pasa cuando algo dentro de ti no quiere seguir La Norma? ¿Cómo se hace para que esa sensación de culpa que anida en ti, por miedo a equivocarte, salga? ¿Cómo se hace para explicar a quienes más te importan, tu familia, que no quieres esa norma establecida para ti? Que te hace sentir esclava, esclava de la realidad del conformismo,  de “la lógica cotidiana de la vida”.
Es extraño, porque gran parte de mi siempre ha caminado sobre esa norma, terminar mis estudios, encontrar un trabajo, sentirme productiva, tropezar con esa persona con la que pasar el resto de mis días, ser madre, criar a mis hijos, educarlos, enseñarles a soñar… Pero ahora me pregunto, si ese deseo era más bien mío o por el hecho de que es lo que los demás esperaban que ocurriese, yo también. Ahora pienso que son una harta de estereotipos que nos han metido por los ojos, como forma "única" de vida y de ahí que a muchas personas a las que no les sale la jugada se frustren, porque no son capaces de ver otro tipo de vida, que no sea como la que le enseñaron sus padres, sus vecinos, sus amigos... Y yo, realmente no estoy predispuesta a esto, aunque he de reconocer que el ser madre es algo que también ha formado durante mucho tiempo parte de mis sueños, pero no sé exactamente qué ha cambiado, que ahora, más bien se ha convertido en una incógnita, que no se si despejar o dejarla estar.  
Pero aun siguiendo La Norma, siempre ha estado dentro de mi ese gusanillo de salir, vivir, conocer, indagar, viajar, soñar con los ojos abiertos, dejarme llevar sin preocupaciones, trabajar lo justo para vivir, experimentar, errar, rectificar y volver a empezar. Me he preguntado una y mil veces como seria vivir de ciudad en ciudad, de país en país, de continente en continente... añorando en sueños, lo que en realidad me parecía imposible.
Todos estos años he estado a caballo entre mis dos yos, sin saber cual elegir, es más, me atrevería a decir que dejaba que las circunstancias y el miedo eligieran por mí. El miedo a fallar a mis seres queridos, a dejar todo atrás, el miedo a que no me entendiesen, el propio miedo a equivocarme, arrepentirme y a no encontrar solución, a lo desconocido y no he de olvidarme del miedo a la soledad y al olvido. Durante muchos años me ha aterrorizado que el hecho de salirme de la norma pudiera llevarme a sentirme sola.
Pero ha llegado un momento en el que ya no me da tanto miedo esa soledad, los que te quieren, tanto amigos como familiares, sabrán estar ahí, si de lo contrario no es así, es porque esta escrito que no debían formar parte de mi futuro, ya que el tiempo, las ciudades y las diferentes situaciones, me ha demostrado que siempre hay personas que merecen la pena en algún lugar de la aventura, y creo que vaya a donde vaya, estaré rodeada de gente, algunos solo irán de paso y otros se quedaran, entonces, serán ellos los que completen el vacío de la distancia.
Y pensar, que ahora estoy aquí, escribiendo desde Inglaterra, después de todas las veces que he soñado y de las diferentes formas en que me he imaginado el momento de salir corriendo, y he comenzado a volar sin ni siquiera pararme a pensar en cómo se vuela. Que ha sido una de las decisiones más importantes de mi vida y fue tomada por un impulso, que incluso, creo que sería certero decir que fue un impulso cansado esperar a que mi razón llegara a la conclusión, por si sola, de que ese no era mi camino correcto.
He soñado con esto muchas, pero que muchas, veces. Sin ir más lejos, recuerdo la primera vez que me lo plantee en serio, y empecé a mover papeles para estudiar aquí en Inglaterra por el año 2005, pero como hasta entonces, las circunstancias del momento fueron las que respondieron por mi… El salir de mi país y venir aquí, siempre ha sido un sueño. Vivir en un lugar con otro idioma, intentar aprenderlo, ponerme a prueba, salir adelante, conocer otras formas de entender la vida, etc. Siempre ha sido un “y si…” con el que echaba a correr mi imaginación.
Con lo que, por lo tanto, debo darle las gracias a ese gran impulso, porque creo que no me he equivocado por la elección que he tomado, me siento genial, me siento como nunca, me siento con unas ganas de seguir persiguiendo sueños. El estar aquí, me ha llenado, me ha hecho programarme objetivos a corto/medio plazo, objetivos que en su día veía imposibles y ahora, los veo complicados, pero no inalcanzables. Tengo ganas de ir a por ellos, ya no le tengo miedo, me dan un poco de vértigo, pero no miedo, y lo que ahora realmente quiero es salir, vivir, conocer, indagar, viajar, soñar con los ojos abiertos, dejarme llevar sin preocupaciones, trabajar lo justo para vivir, experimentar, errar, rectificar y volver a empezar. Que aunque haya dejado muchas cosas atrás, hoy por hoy, creo que este es mi camino, que aquellas cosas o personas que se queden atrás lo harán, seguramente, porque no deberán estar en mi futuro, y quienes sepan esperar o caminar junto a mí, serán los que de verdad merezcan la pena, porque respetaron y apoyaron mi decisión.

Viendo lo visto, ahora mismo, en el camino de la norma no hay nada que me merezca la pena, como para sacrificarme por ello, siempre es la misma historia con diferentes escenarios. Y yo lo que quiero son diferentes escenarios y diferentes historias.  Con lo que,  seguiré persiguiendo sueños, una y otra vez hasta que mi propio cuerpo me pida un descanso y/o las circunstancias me lo pidan, pero esta vez esas circunstancias sólo repercutirán en mi familia. 

lunes, 13 de enero de 2014

La constante siempre es uno mismo

Desde hace cosa de dos semanas me siento bastante bien, pero, hace dos meses pasé por una racha un tanto extraña, aun que también, un mes atrás me encontré bastante frustrada, y mucho antes de todo esto me hallé explendida, aunque también, ahora que lo pienso, levemente rallada… Y si sigo recordando, seguro que encontraré muchas y diferentes sensaciones en cortos periodos de tiempo.

Yo, yo soy yo todo el tiempo. Fui yo, la que primero estuvo explendida, luego fui yo, la que se sintió frustrada, más tarde volvi a ser yo, la que estaba bastante bien, y así sucesivamente a lo largo del tiempo la unica constante que hay ¡SOY YO!

Y si soy yo, la misma persona en tooodas las situaciones, ¿de qué depende que mi estado de ánimo sea de una manera u otra?. ¿Realmente la explicación es tan triste como para que la unica constante que existe, siempre dependa de los millones de variables con los que se tropieza a su alrededor para sentirse bien, mal, regular…? ¿Qué cosas no?

Pues he aquí, una de las cosas que mas curiosidad me ha generado desde pequeña, el funcionamiento de nuestra mente. Las mil y una cosas que pasan por ella en un segundo y que pueden hacer cambiar tan radicamente nuestro cuerpo, nuestros sentimientos, nuestros sentidos…

¿De qué manera funcionará para que nos haga sentir esa gran diversidad de sensaciones?

¿Qué mecanismos harán la escriba de lo que sirve o no, para hacernos sentir de una manera u otra en cada momento?

¿Cómo pueden influirnos tanto las relaciones sociales y lo que aprendemos de ellas?

¿Cuán desconocido puedes llegar a ser para ti mismo, que incluso no somos realmente conscientes de hasta dónde somos/es capaz de llegar la mente?

¿Qué es lo que hace que sea tan complicado que la felicidad sólo dependa de nosotros mismos?

¿A qué se dedica el bibliotecario de nuestra cabeza, que debe ordenar las diferentes informaciones que recibimos y/o estudiamos, que cuando realmente nos hacen falta, nos damos cuenta de que es un desordenado, porque nunca las encuentra cuando la necesitamos?

¿Por qué no controlamos todos esos estimulos que afectan a nuestra mente y por consiguiente a nosotros?

¿El miedo es realmente un instinto o es un sentimiento creado por el hombre mediante estudios de la misma, para ser capaces de manupularnos y tenernos controlados? 
Muchísimas veces no somos capaces de avanzar por, simplemente, miedo.

Si todos nacemos, y en la mayoría de las ocasiones, pasamos por circunstancias sociales parecidas, nos relacionamos en el mismo grupo de iguales, con culturas similares, y un largo etc, ¿qué es lo que hace que tú mente y mi mente sean tan distintas?

¿Qué parte de la mente anula la razón cuando te mueves por impulsos? Y ¿cómo a veces la razón gana por goleada a tus deseos? Quizás, sea todo más sencillo y simplemente se lo juegen a piedra, papel o tijera, y por eso, que muchas veces cuando tomamos un poco distancia de las decisiones tomadas, nos damos cuenta que no han tenido ningún sentido
.
¿En qué lugar de la mente están esos fusibles, que cuando se bajan, no hay quien los encuentre, y con ellos bajados lo unico que hacemos es encontrarnos con defectos, inseguridades, paranoias… ?

¿Por qué todo lo que somos, realmente está construido sobre las variables? Si éstas, como bien su nombre indica, pueden estar o desaparecer en cualquier momento.

Y podria seguir con un sin fin de preguntas más que se me pasan a diario por mi señora caprichosa y analítica mente. Aunque la que le da cuerpo al escrito de hoy es la constante, que siempre seré yo, y las variables, como variables que vienen y que van, siempre estaran ahí… cada una de las cosas que me rodean. Hasta ahí está claro, pero, por qué nuestra mente, siendo nosotros sólos la constante, necesita procesar todo lo que ve, cada una de las cosas que pasan, analizar las interelaciones con los demás, ir por delante de las cosas que pasan… ¿No seria todo mucho más sencillo si pudieramos elegir objetivamente, razonablemente y sin jugarnos nuestro estado de ánimo nosotros mismos como unica constante?