jueves, 27 de febrero de 2014

La gente que me gusta

Me gusta la gente que vibra,
que no hay que empujarla, 
que no hay que decirle que haga las cosas 
sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.
La gente que cultiva sus sueños 
hasta que esos sueños 
se apoderan de su propia  realidad.
Me gusta la gente con capacidad 
para asumir las consecuencias de sus acciones, 
la gente que arriesga lo cierto por lo incierto 
para ir detrás de un sueño. 
Me gusta la gente que es justa 
con su gente y consigo misma. 
La gente que agradece el nuevo día, 
las cosas buenas que existen en su vida, 
que vive cada hora con buen ánimo 
dando lo mejor de sí, 
agradecido de estar vivo, 
de poder regalar sonrisas, 
de ofrecer sus manos y ayudar generosamente 
sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme
constructivamente y de frente, 
pero sin lastimarme ni herirme, 
la gente que tiene tacto. 
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia. 
A estos les llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe 
la importancia de la alegría y la predica, 
la gente que mediante bromas 
nos enseña a concebir la vida con humor. 
Me gusta la gente que solo con su energía
es capaz de contagiar.
Me gusta la gente sincera y franca, 
capaz de oponerse con argumentos razonables 
a las decisiones de cualquiera. 
Me gusta la gente fiel y persistente, 
que no desfallece cuando de objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, 
la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. 
La gente que, al aceptar sus errores, 
se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. 
La gente que lucha contra adversidades. 
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. 
La gente que valora a sus semejantes 
no por un estereotipo social ni como lucen. 
La gente que no juzga ni deja que otros juzguen. 
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de entender 
que el mayor error del ser humano
es intentar sacarse de la cabeza 
aquello que no sale del corazón.
La sensibilidad, 
el coraje, 
la solidaridad, 
la bondad, 
el respeto, 
la tranquilidad, 
los valores, 
la alegría, 
la humildad, 
la fé, 
la felicidad, 
el tacto, 
la confianza, 
la esperanza, 
el agradecimiento, 
la sabiduría, 
los sueños, 
la humildad, 
el arrepentimiento,
y el amor
Son cosas fundamentales para llamarse gente.
Con gente como ésa, 
me comprometo para lo que sea, 
por el resto de mi vida, 
ya que por tenerlos junto a mi, 
me doy por bien retribuido.

Mario Benedetti

sábado, 22 de febrero de 2014

Música

Música.... Pequeña palabra de tres silabas, que encierra una de las mayores mezclas de sensaciones del mundo y es capaz de llevarte por una montaña rusa sin moverte del sitio.
La Música, en sí, es libre, de todos y para todos, es de las pocas cosas puras y con lenguaje universal de las que podemos disfrutar en esta mierda de vida llena de egoismos, problemas y prejuicios. La Música no entiende de color, ni de culturas, ni de clases sociales, ni de estereotipos, ni de mejores o peores personas... Cierto es que nace de las circunstancias de cada uno de nosotros, pero puede viajar de un lugar a otro sin llevar equipaje de mano, pero siempre lleva otro tipo de equipaje, y no precisamente tiene que significar para todos lo mismo. Pasa de una persona a otra sin necesidad de que se conozcan, independientemente de que exista o no contacto físico y/o dialogo.
Esta gran señora que va siempre provocando, deambula por ahí sin dejar indiferente a nadie, se hace eco de tus sentidos y es ella misma, mediante éstos, de las grandes vías de comunicación, sin tener que hablar y/o explicar nada, te hará conocedor de su mensaje.
Esta gran dama, es la mayor puta de todas las señoras, le da igual si eres hombre o mujer, si somos dos o si somos seis. Ella sólo entiende de sentimientos, y es de las pocas que sabe cómo cautivarte, cómo darte placer, cómo hacer que tu cuerpo vibre a su son, pero siempre un placer infinito que dura lo que duran los segundos de una canción. Yéndose en el momento justo, para que te quedes con ganas de más y la vuelvas a buscar. 
Su táctica es sencilla, simplemente penetra en ti como algo mágico, como si tuviera la llave de ese libro de instrucciones con el que poco a poco nos va desnudando y acariciando hasta el ultimo poro de nuestra piel, o por lo contrario, siendo capaz de darnos en los puntos mas débiles de nuestro ser. Es de la única que sin verla, te hace sentir vulnerable. Para ésta poderosa señora, nadie es desconocido, y puede ser tu mayor abrazo en momentos de soledad o tu mayor enemigo.
Es capaz de conseguir algo, que muy poquitas cosas pueden conseguir, la Música puede hacerte volar, soñar despierto, sentirte explendido…  o por el contrario, puede hundirte en lo mas profundo del fango. 
Y además, nos hace creer por un momento que nos pertenece, pero la verdad, es que no nos pertenece a ninguno, la realidad es, que es de las pocas cosas que hay realmente libres en este mundo.
Y porque la MÚSICA es LIBRE y porque es un lenguaje universal, es por lo que es capaz de llegar a todos y cada uno de nosotros.



https://www.youtube.com/watch?v=_7X45tOzkpw

sábado, 15 de febrero de 2014

Cuando me amé de verdad


Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama…madurez.
Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.
Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.
Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.
Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Charles Chaplin